JUGADORES DE LEYENDA

Accede a la historia madridista desde la óptica de sus jugadores más representativos. Aquí recopilamos los datos de todos aquellos futbolistas que contribuyeron a forjar la leyenda del Real Madrid C.F.

RAÚL GONZÁLEZ BLANCO "RAÚL"

No puede comenzarse esta serie de jugadores de leyenda con otro futbolista que no sea Raúl González Blanco, estandarte madridista y eterno capitán que ha dado innumerables días de gloria al Club y a la afición del Real Madrid. Va por tí 7.

Posición en el campo: Delantero
Partidos jugados con el Real Madrid: 741 oficiales
Goles marcados: 323
Internacional con España: 102 veces
Palmarés:
6 Ligas
3 Copas de Europa
2 Copas Intercontinentales
1 Supercopa de Europa
4 Supercopas de España
Nació en el madrileño barrio de San Cristóbal de los Ángeles el 27 de junio de 1977. Desde pequeño mostró una enorme pasión por el fútbol que le llevó, entre otras cosas, a falsificar una ficha para poder jugar cuando aún era demasiado pequeño. Raúl, que dio sus primeras patadas en el San Cristóbal, equipo de su barrio, despuntó muy pronto, demostrando desde el principio que tenía madera de crack.

Raúl llegó al Real Madrid en la temporada 1992-93 procedente de las desaparecidas categorías inferiores del Atlético de Madrid, donde ya había mostrado un enorme potencial. Pasó por el Cadete y el Juvenil hasta llegar en 1994 al Real Madrid. Allí, el delantero se terminó de destapar con 13 goles en siete partidos que no pasaron desapercibidos para el por entonces entrenador madridista, Jorge Valdano, que no dudó en hacerle debutar con el primer equipo.

El 29 de octubre de 1994, Raúl vivió su primer gran momento con la camiseta del Real Madrid. El delantero formó parte del equipo titular del primer equipo. Jorge Valdano le hizo debutar. Una semana después disputó su primer derbi ante el Atlético de Madrid en el Santiago Bernabéu, marcando ese mismo día su primer gol con un espectacular zurdazo en el borde del área que entró por la escuadra y contribuyó a la victoria del equipo madridista (4-2), que terminó proclamándose campeón de Liga esa temporada.

Jugador incansable y delantero con un instinto casi infinito, Raúl no sólo se hizo un fijo en el Real Madrid, sino que además fue aumentando progresivamente su peso dentro del equipo hasta convertirse en uno de sus referentes. Y mientras, los títulos se iban sucediendo al ritmo de los goles de un jugador que en su tercera temporada en Primera consiguió 21 goles jugando en banda para la siguiente conseguir el primero de los dos trofeos Pichichi que tiene en su palmarés.

Consagrado en España, había llegado el momento de conquistar una Europa. Concretamente la Champions League, competición que con sólo 18 años ya le vio hacer tres goles al Ferencvaros. El momento llegó el 20 de mayo de 1998, cuando el Real Madrid se imponía en la gran final a la Juventus de Turín para ganar su séptima Copa de Europa. Raúl, titular en aquél partido, repitió experiencia en dos ocasiones más, concretamente el 24 de mayo del 2000 y el 15 de mayo de 2002, consiguiendo además marcar en ambas.Raúl ha batido multitud de registros a lo largo de su trayectoria en el Real Madrid, club del que convirtió en máximo goleador y jugador con más partidos oficiales disputados. El delantero madridista es, además, máximo goleador en la historia de la Copa de Europa y de todas las competiciones internacionales y jugador de campo con más partidos en la historia de la Liga (550).

El delantero madridista es todo un símbolo de La Roja, con la que ha disputado 102 partidos. Participó en tres Mundiales, dos Eurocopas y unos Juegos Olímpicos. El ‘7’ blanco es uno de esos jugadores que, como lo hicieron antes Butragueño o en la actualidad Casillas, entre otros, ha contribuido a hacer del fútbol español lo que es actualmente.

FUENTE: www.realmadrid.com

EMILIO BUTRAGUEÑO SANTOS "EL BUITRE"

Posición en el campo: Delantero
Partidos jugados: 463 oficiales, 106 amistosos
Goles marcados: 217
Internacional con España: 69
Palmarés:
6 Ligas
2 Copas de la UEFA
2 Copas del Rey
1 Copa de la Liga
3 Supercopas de España


Fue un genio, un mito, un jugador que elevó el fútbol a la categoría de arte cuando el fútbol se debatía en aspectos tan toscos como el de "fútbol total" o el de "poderío físico". Tuvo que ser él, un hombre enjuto, aparentemente débil, el que derribara aquellas modas que llevaban al fútbol al más puro ostracismo. Dibujó, como el mejor artista del momento, regates inverosímiles, escorzos increíbles y goles de ensueño. Con un ingenio chispeante, la fuerza bruta caía derribada y el fútbol cobraba otra dimensión.
Emilio Butragueño nació en Madrid, en el Sanatorio de Nuestra Señora del Rosario, el 22 de julio de 1963. Los primeros años de su vida transcurrirán en el número 7 de la calle Antillón, cursando sus estudios en el Colegio San Antón. Allí haría sus primeros pinitos como futbolista. Más tarde, cuando sus padres trasladan el negocio familiar a la calle Narváez, ingresa en el Colegio Calasancio. Sin embargo, en el Calasancio opta por jugar al baloncesto. Emilio se convierte en el base del equipo y así pasará tres años (desde los diez hasta los trece) en los que apenas juega al fútbol. Será José Antonio Sacristán, su supervisor deportivo, quien le rescate para el fútbol, ingresando en el equipo infantil como centrocampista.

Emilio irá creciendo entre el fútbol, los estudios y la perfumería de sus padres, en donde atiende el mostrador, reparte a domicilio o barre cada mañana. En el equipo cadete cambia de puesto, juega de ariete o de extremo izquierdo. Ya es el mejor del equipo.
Destaca por su visión de juego, por la maestría con la que ejecuta las faltas y por su incipiente capacidad de improvisación, pero aquello no es más que un juego con el que se divierte y hace feliz a su padre. En ningún momento piensa que podía llegar más lejos, a un equipo grande. Estaba equivocado. Su fama traspasa las barreras del colegio. Muy pronto, las puertas del fútbol se abrirían a sus pies.

Real Madrid y Atlético se lo disputan

13 de julio de 1980 se proclama Campeón del torneo AS con los juveniles del Calasancio. Los ocho goles marcados en un partido hicieron que los ojeadores del eterno rival se interesaran por él. Campos, entrenador del juvenil rojiblanco, y los técnicos Ufarte y Rodri le prueban y le abren las puertas del Atlético. La oferta es tentadora, pero en el ánimo de Butragueño y de su padre, está el vestir la camiseta del equipo del cual son socios. Alertado Juan Gea, dispone otra prueba inmediata para el jugador. En el informe elaborado por el propio Gea, técnico madridista, señala que "técnicamente maneja bien las dos piernas, sobre todo la derecha. En el puesto de centrocampista ve el fútbol con una facilidad asombrosa, lanzando pases perfectos al hueco".

Tres días después de realizar la prueba, el 15 de agosto, Butragueño ficha por el Real Madrid como aficionado y juega su primer partido con los blancos en San Lorenzo del Escorial, donde realiza, según muchos, “el mejor partido de su vida”. Aquel encuentro fue memorable. No marcó ningún gol, pero provocó exclamaciones de admiración de todos, incluido Molowny, espectador de lujo. Ese día se iniciaba una carrera imparable.

Su primer partido con el equipo aficionado lo juega en Pinto. Ese mismo año, en Tercera, lo alternó cumpliendo el servicio militar en el cuartel de Cuatro Vientos. La siguiente campaña milita en el Castilla a las órdenes de Amancio, con el que se proclama Campeón de Liga de Segunda División en la temporada 1983-84. Su nombre comienza a ser portada en los periódicos. Sus números goleadores son espectaculares y le colocan como "Pichichi" de la categoría, título que al final le arrebataría Julio Salinas. Hubiera batido al vasco, pero una llamada de Alfredo Di Stéfano, le lleva al primer equipo, con el que debuta un 5 de febrero de 1984, en Cádiz, ante el titular. 

Ese día se inicia su etapa más popular. El gran espaldarazo llega el 12 de diciembre de 1984. Ese día el Madrid jugaba Copa de la UEFA y se enfrentaba en octavos de final con el Anderlecht, contra el que había perdido por 3-0 en el partido de ida. Esa noche Butragueño logra marcar tres de los seis goles que logró el equipo blanco (6-1), en una épica remontada que aún hoy en día, en el siglo XXI está fresca en la memoria de los millones de madridistas que tuvieron la satisfacción de presenciarla, bien en directo o bien por las imágenes servidas por televisión. Su participación fue decisiva para que el equipo lograse por dos años consecutivos (1985 y 86) la Copa de la UEFA, títulos que le valieron el reconocimiento unánime del fútbol europeo, y la concesión, por dos años consecutivos, del “Trofeo Bravo”, al mejor jugador europeo menor de 24 años. Junto a Hugo Sánchez formó la delantera titular del Real Madrid durante muchas campañas. En el primer equipo se reunieron cuatro de los integrantes de la “Quinta del Buitre”, sobrenombre por el que se conoce al grupo formado por Butragueño, Sanchis, Míchel, Martín Vázquez y Pardeza, gracias al ingenio del prestigioso periodista Julio César Iglesias.

Durante doce años la presencia de Butragueño fue una constante en el equipo. Como queda dicho, formó con Hugo Sánchez una de las mejores delanteras del mundo y contribuyó decisivamente a que el extraordinario jugador mexicano conquistara cuatro “pichcihis” con el Real Madrid. Sin ser un gran goleador, él mismo ganaría un máximo galardón en la temporada 1991.

Butragueño se despidió del fútbol como jugador el 15 de junio de 1995, en un partido-homenaje, ante la Roma, que finalizó con el resultado de 4-0, con el Estadio Bernabéu a reventar de un público enfervorizado que agradeció la entrega del jugador a los colores madridistas. Butragueño se fue tal y como se comportó durante toda su carrera, con caballerosidad y honestidad, sin una frase altisonante, sin un reproche a nada ni a nadie, todo lo contrario. A pesar de lo doloroso de la situación, Emilio se fue con palabras de agradecimiento a una Institución a la que ha amado profundamente, tanto desde la grada como desde el terreno de juego, y a la que sigue amando, en la actualidad como aficionado.

Características

Su estilo de juego quedaba reflejado en su movimiento característico, el llamado "amague neutro". Totalmente inmóvil dentro del área y con el balón dormido a sus pies, no es que su cuerpo diera pistas falsas, es que no daba ninguna. Entonces con el defensor totalmente hipnotizado, arrancaba de repente consiguiendo el espacio necesario para el disparo o asistencia, aunque no fue tanto un goleador como un realizador de pases de gol a sus compañeros, destacándo también por la creación de espacios a éstos llevando a los defensores tras de sí.

ALFREDO DI STEFANO


Posición en el campo: Delantero
Partidos jugados: 510 oficiales
Goles marcados: 418
Internacional con España: 31 veces
Palmarés:
8 Ligas
5 Copas de Europa
1 Copa de España
1 Copa Intercontinental
2 Copas Latinas
1 Pequeña Copa del Mundo
Se proclamó 5 veces 'Pichichi' en las temporadas 1953/54, 1955/56, 1956/57, 1957/58 y 1958/59


Alfredo Di Stéfano nació el 4 de julio de 1926 en el barrio de Barracas, donde estaba el puerto de Buenos Aires. Por ahí los marinos ingleses entraron el fútbol en Argentina. Su abuelo Miguel fue el primer Di Stéfano que llegó al país, procedente de Capri. Su padre, Alfredo, se casó con Eulalia Laulhé Gilmont, de descendencia francesa e irlandesa. Tuvieron tres hijos, Alfredo, Tulio (que jugaba de interior izquierda) y Norma (fue jugadora de baloncesto).

'Estopita' (apodo que le puso su abuelo, por las antiguas fregonas amarillas que se usaban en los barcos) creció jugando con los chicos del barrio en terrenos baldíos, en 'la academia de la calle', con pelotas de goma que costaban dos centavos. Su primer equipo organizado se llamaba 'Unidos y Venceremos', antes de trasladarse al barrio de Flores, donde jugaría en el 'Imán'. Su primer apodo futbolístico fue 'Minellita', ideado por Minella, un mediocentro rubio que jugaba en River.

En 1940, la familia se trasladó a Los Cardales, en las afueras de Buenos Aires. Su padre era asentador de cereales y trabajaba en el campo. Alfredo dejó los estudios y comenzó a trabajar para ayudar en la economía familiar. Ése hubiera sido su futuro… de no haber seguido la estela del fútbol, una llama que, afortunadamente, tenía profundamente instalada en su corazón. El fútbol era una pasión irrefrenable. Los domingos jugaba con su hermano Tulio en una liga interpueblos y por la tarde iba con su padre a ver a River Plate, equipo del que era socio desde los siete años. Su juego asombra y su talento no pasa inadvertido. En 1944 hizo una prueba con River y rápidamente le aceptaron.

Debut en el River

Comenzó con 18 años en la Cuarta Categoría, de ahí ascendió a la Tercera y luego a la Primera División. Debutó en 1945 ante Huracán, equipo en el que un año después jugaría cedido. Allí sus técnicos ya adviertieron que están ante un futbolista excepcional. En 1947 regresó a River, con el que se proclamaría campeón y máximo goleador. Ese año debutó con la Selección Argentina que ganó el Campeonato Sudamericano de Guayaquil (Ecuador), en el que anotó seis goles. Pronto le bautizarían con el sobrenombre de 'La Saeta Rubia' por la explosiva velocidad que imprimía a su juego (“Socorro, socorro, que viene ‘La Saeta’ con su propulsión a chorro”, coreaban en la grada). Aquel equipo pasó a la historia como 'La Máquina' (antes también llamado 'Los Caballeros de la Angustia') y estaba formado por los Soriano, Muñoz, Moreno, Labruna, Pedernera, Loustau… A su lado aprendió a jugar en todas las demarcaciones, incluso de portero (quince minutos al lesionarse Carrizo en un derbi ante Boca Juniors). En el campeonato argentino jugó 66 partidos y marcó 49 goles.

Triunfo en Colombia

Una huelga general paralizó el fútbol argentino y Di Stéfano fichó por el Millonarios de Bogotá, el mejor equipo de Colombia. Era una auténtica selección mundial, donde coincidió con grandes jugadores como Rossi, Báez o Pedernera. Los éxitos deportivos de aquel 'Ballet Azul' traspasaron fronteras. Con este equipo jugó 294 partidos y marcó 267 goles. En 1952 jugó por primera vez en España, en Chamartín, con motivo del torneo que conmemoraba el 50 Aniversario del Club. Ese día enamoró al madridismo, un flechazo que muy pronto llegaría a concretarse.

Llega al Real Madrid, nace el mito

El sueño del madridismo se vio cumplido en 1953, cuando el Real Madrid consiguió fichar al mejor futbolista del momento tras una larga disputa con el Barcelona, club que también pujaba por sus servicios. Debutó el 23 de septiembre de 1953 ante el Nancy francés. Sería el primero de los 510 partidos que disputó con el Real Madrid, en los que marcó 418 goles. Con el conjunto blanco ganó ocho Ligas, cinco Copas de Europa, una Copa de España, una Copa Intercontinental, dos Copas Latinas, una Pequeña Copa del Mundo, tres Trofeos Carranza y un Trofeo Benito Villamarín, entre muchos otros títulos. Además, se proclamó cinco veces 'Pichichi' en las temporadas 1953/54, 1955/56, 1956/57, 1957/58 y 1958/59.

Aquel Real Madrid ha pasado a la historia como uno de los mejores equipos de todos los tiempos. En su flamante nuevo estadio, Santiago Bernabéu logró reunir a una generación de futbolistas irrepetibles: Gento, Rial, Kopa, Puskas, Santamaría, Juanito Alonso, Zárraga… Y Di Stéfano, considerado por todos como el líder natural, aunque él rechazaba los elogios y los personalismos, anteponiendo siempre el trabajo del conjunto. Era un futbolista total, ejemplar dentro y fuera de los terrenos de juego. La UEFA le otorgó el Balón de Oro en 1957 y 1959.

Exitos y sinsabores

Su carrera, bañada de éxitos, tuvo algunos sinsabores. En el plano extraderportivo, jamás olvidará el secuestro que sufrió en Caracas (1963) por el comando antigubernamental F.A.L.N. En el plano deportivo, siempre lamentó no haber podido disputar ningún Campeonato del Mundo con la Selección Nacional, cuya camiseta defendió en 31 ocasiones.

Fue capitán de la Selección 'Resto del Mundo' en el Centenario de la Federación Inglesa de Fútbol (1963). Su último partido oficial con el Real Madrid fue el 27 de mayo de 1964 en el Prater vienés en la final de la IX Copa de Europa. Tras dos temporadas en el Español, se despidió definitivamente del fútbol en un partido homenaje que disputaron Real Madrid y Celtic de Glasgow en 1966. Esa noche se despojó del brazalete de capitán para entregárselo a Grosso en medio del clamor del público, puesto en pie para despedir del mejor futbolista que había pisado este terreno de juego, el campo más emblemático de Europa.

Di Stéfano ha sido el mejor jugador de todos los tiempos, el más completo. Atacaba, defendía, lo hacía todo bien. Era un líder dentro y fuera del campo, aunque él, en su modestia, siempre se ha definido como “un jugador de equipo”.